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domingo, 30 de marzo de 2008

Autorretrato

Abres los ojos y compruebas la existencia de ese gran mal que es la distancia. Porque la distancia está ahí, inevitable, acechando en cada uno de tus días, separándote de las personas que tienes, que te gustaría tener, separándote de las cosas que ya apenas recuerdas y que forman parte de ti. La distancia hace de la comunicación un espejismo, porque ya no hay palabras que te acerquen a nadie. La distancia es ese gran mal que cada noche soñamos que desaparece.
Nada mejor, entonces, que cerrar los ojos. Porque no hay mejor espejo que cerrar los ojos. Y empezar así un autorretrato, que no es más que un último intento de frustrar el plan de la mentira cotidiana de ser uno mismo.
Y entonces resulta que no eras como te creías, una persona de carne y hueso, dolorosamente sujeta a la gravedad y a tantas otras leyes limitadoras. Eres más bien una especie de duendecillo verde, una gran bola de luz con ideas propias, que vives flotando en las fantasías de los demás, andando de sueño en sueño, poniendo música donde sólo hay silencio y llenando de risas los momentos más tristes. Porque cierras lo ojos y, entonces sí, te ves como el cronopio que siempre has sido, inventando canciones y relatos de aventuras, electrizando las camas más difíciles, calentando las manos más frías.
Porque cuando miras hacia dentro, cuando miras de verdad, siempre te acabas viendo como un pequeño superhéroe de color azul y pelo revuelto, como un perfecto dibujo animado que corretea por las casas y que siempre llega a tiempo a los demás, una especie de simpático animal mágico con orejas puntiagudas que se mete en la vida de los otros y les salva de todo lo malo, de verse a sí mismos como son y, ante todo, de esa distancia terrible que cuando soñamos desaparece.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Liberty

However much you try, you can never talk enough about liberty. For liberty is, after all, the word to deal with, the real end for those who understand life. When Nietzsche said that by wanting you will be free, he was, once again, hiting the mark. Because you have to want, you need to have your own aims for your future. Being free is daring to create your own values. Don’t allow other people to decide for you. If you do so, if you avoid the responsibility of liberty, there will be no real hapiness for you, only a comfortable but poor sensation of lack of problems.
But that is not what life is made for. If you disdain liberty, you will always have the feeling that there is something amiss in your life. And that can’t be but a lack of liberty. Yes, because, although you don’t realise, in some moment in you past, when you were in a very delicate crossroad, maybe you avoided making your own decisions, choose the easy option, and went on walking along other’s roads. You thought that liberty was a heavy burden. And you were right, because liberty is not something easy to live with. That is what makes liberty so amazing. It is the best present you can have, something absolutely necessary to live and, at the same time, something very hard, a great responsibility, a permanent open question over you. It is like an abyss, attractive and dangerous at once.
But future can’t be a closed window. You have only one life. Try to invent some other possibilities. Try to play different games every day. Try to meet new people, reading new books. You can start by writing what you really would like to live into the next weeks. Don’t stop. Live. Imagine. Be free.
Follow the example of Julio Cortázar, playing with the words…

domingo, 20 de enero de 2008

Frikilokokos Malignus

frikilokokos

Entonces se detuvo ante mí. Me eligió y me miró directamente a los ojos. Era un magnífico ejemplar de Frikilokokos Malignus, una de las peores especies de virus de las dos últimas décadas. Tenía unos enormes ojos verdes, unos ojos brillantes, llenos de agua cristalina y perfectamente cargados por el diablo, como la peor de las armas. Eran unos ojos diseñados tanto para matar como para cautivar.

Me miró como señalándome y supe que estaba perdido. Cuando te cruzas con un virus no puedes hacer nada. Él te elije a ti. Da igual, entonces, tu sistema inmunológico. Da igual tu edad, si duermes bien o si tomas suficiente vitamina C. El virus funciona por puro capricho. Te elige sin razón, con arrogancia, sin explicaciones.

A las pocas horas empezó el incendio de la fiebre. Me acosté rendido, dispuesto a lo peor. El Frikilokokos te hace soñar, quieras o no, con lo ya olvidado, con lo que hemos tratado siempre de esconder, de superar. El virus es efectivo en la fase REM de los sueños, haciéndote volver a la infancia para traerte de ella las ilusiones perdidas, esa cajita del tesoro enterrada a los siete años y que sólo esconde obsesiones. En lo que tardé en dormirme empecé a recordar y comprendí que mi vida iba a cambiar para siempre.

Después de una noche que duró varios días me levanté sin fiebre pero distinto. Comencé a leer cómics de superhéroes, me compré una katana por Internet, conseguí donde pude una de las primeras Playstation y me encerré en casa para ver Kill Bill 22 veces en los siguientes ocho días. En poco tiempo, y casi sin darme cuenta, cambié a mis aburridos amigos por apasionantes hobbies y al imperfecto y borroso mundo real por una adecuada resolución de 1.024 x 768 píxeles.

Pero no puedo decir que la vida de un friki esté mal, siempre soñando y con esa sensación permanente de parque temático. Sabes que te arriesgas a la incomprensión, a que los otros no sigan tu juego, a que los demás señalen tu forma heroica de vestir. Lo único que puedes hacer, entonces, es esperar a que las vacunas para la normalidad no funcionen y que cada vez sea más la gente contagiada.

Porque un friki nunca estará sólo. Sólo hace falta una nueva moda y que el virus adecuado se cruce en tu camino. Y te puede pasar a ti, cualquier día puedes empezar a cambiar. A poco que te despistes, tu vida dejará de ser normal, porque, a la vuelta de la primera esquina, habrá un Frikilokokos Malignus esperándote, odiando tu vulgaridad y encantado de inyectarte el veneno de la autenticidad, un veneno que te convertirá en un friki y hará que empieces a saborear de verdad la vida.

jueves, 3 de enero de 2008

Sobre Lucías y Alicia

Aunque parecidas, nunca iguales. Las diferencias entre las Lucías y Alicia (se habrá entendido ya, son nombres propios para dos tipos de mujeres) son sutiles pero fundamentales. Quizá la diferencia sólo la vea yo, quizá por eso estoy solo y quizá por eso no sé qué más decirle a nadie. Pero no puedo evitar contarlo, describir una Alicia, por si alguna me estuviera leyendo.
Las Lucías están siempre ahí. Aunque escasas, siempre se terminan por encontrar. De vez en cuando aparece una, para que no pierdas la esperanza en el amor, en las personas. Son como pequeños súcubus, guapas, morenas, tentadoras, con todas las razones necesarias para que las quieras. Están siempre listas para ser besadas, manoseadas, escritas. Lo tienen todo, salvo que no son Alicias. Por eso duran una noche, o dos, o un año. Por eso siempre se terminan algún día. Demasiado síntoma en una Lucía, demasiado miedo, demasiada rutina, demasiada realidad para seguir soñando, para quedarte sin palabras.
Alicia, en cambio, con su propia luz. Tan abstracta, tan imposible, tan necesaria. Círculos perfectos en su mirada, piel inexplicable, movimientos exactos y atrevidos, electricidad gratuita de lunes a domingo. Alicia vive fuera de todos nosotros, para seguir siendo intangible, inimitable, para buscar precisión en sus formas únicas.
A medio camino entre mi mente y el mundo, Alicia es tan real como inventada. Porque la intuyo en algunas películas, casi la oigo en ciertas canciones. Pero luego nunca está. Por eso sé que existe y también sé que no. Por eso estoy tan alegre como triste, tan bien como mal, tan lleno y tan sin ella. Porque la tengo, de algún modo, y no la tengo, en muchos otros.
Seguiré esperándola, mientras me decido. De momento, muchas Lucías. Pero ni rastro de Alicia.









(Canción: Songbird, de Eva Cassidy)

martes, 25 de diciembre de 2007

Apuntes de Física


Estaba yo en casa haciendo tranquilamente la fotosíntesis y otros procesos vegetativos necesarios para mantener los pies calientes, cuando de repente me asaltó la duda de si de verdad alguien como yo estaba tan sujeto a la gravedad como se aseguraba tan arrogantemente en los libros de Física.
Dispuesto a demostrar las limitaciones de dicha ciencia, al menos en mi caso, me levanté de mi sillón y decidí prepararme concienzudamente para el gran salto. Enseguida comprendí que dos cosas eran fundamentales, si quería lograr mi objetivo: mantener calor en los pies –clave de la salud en invierno, por cierto- y una voluntad de hierro para permanecer cómodamente en el aire. Había que tener en cuenta que miles de argumentos e imágenes tratarían de seducirme, una vez tomado el impulso necesario, para volver al suelo, para obedecer a las autoridades científicas, para vivir como todos, para atenerme una vez más a la gravedad. Me iba a hacer falta una determinación fuera de lo normal, para vencer las fuerzas magnéticas terrestres y dar un salto que no terminara en el casi instantáneo e involuntario aterrizaje inevitable de los saltos de los demás.
Pero nada era bastante para amilanarme. Conocedor de todas las dificultades, algo dentro de mí sabía que, con la concentración adecuada, volar distancias cortas estaba dentro de mi alcance. Haría falta valor, persistencia, además de una espalda y unos pies de acero. Sin embargo, estaba seguro de poder hacerlo. Porque querer es poder, y porque el futuro no es más que lo que tú quieres que sea. Cerraba los ojos y me veía en el aire, exento de gravedad, flotando a mi antojo. Miles de años, de siglos, de humanos pegados al suelo e incapaces de despegar no iban a dar al traste con mi nuevo desafío aéreo. La gravedad había tenido su momento. Ahora era el mío.
Y entonces salté. Las condiciones eran óptimas y salté. Indescriptible. Desafiando todas las leyes de Newton y de la Termodinámica, abriendo nuevas puertas a la humanidad y forzando la escritura de un capítulo más en los libros de Física, permanecí ingrávido, me deslicé entre las moléculas de hidrógeno durante un tiempo impredecible. Sin embargo, problemas inesperados se interpusieron en mi aventura, pues el frío allí arriba era insoportable. Se me quedaron los pies fríos y tuve que descender apenas unas décimas de segundo después, pues, como todo el mundo sabe, los pies fríos son incompatibles con la ingravidez.
Ya de vuelta a la normalidad, y de nuevo en mi sillón de filósofo, volví a mis tareas biológicas y esperé tranquilamente la llegada del verano. Sin embargo, pronto mi mente volvía a estar inquieta ante otra presunta mentira de los científicos, esos malvados amantes del orden establecido: ¿Existen de verdad los glóbulos rojos? ¿Es un mito la respiración celular? La ciencia podía empezar a tambalearse.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Instrucciones para desquererse

Antes de empezar, conviene hacer la advertencia de que no todo el mundo está preparado en todo momento para comenzar la costosa labor de desquererse. Es más que posible que se encuentre usted en uno de esos estados en los que querer a alguien le resulta fácil y cómodo. Quizás es usted de los que piensa que el amor recíproco siempre trae más ventajas que inconvenientes. Bien, si ese es el caso, no se preocupe, siempre puede usted seguir leyendo, consumiendo cultura o preguntando a los amigos por sus experiencias. En cualquier caso, la verdad del desamor le espera a usted a la vuelta de la esquina, en la próxima canción que escuche, en la habitación de los vecinos de enfrente o incluso escondida en la farsa de cada luna de miel.
No se deje engañar y no se desanime: tarde o temprano perderá la fe en el amor, podrá ser tachado de la lista de los mediocres y empezará a ser tenido en cuenta entre los lúcidos.
Si, en cambio, ya es usted de los que disfrutan de ese sano escepticismo y cree, con toda razón, que los pequeños detalles sí que importan y que el amor y la libertad se excluyen mutuamente, está preparado para entender y llevar a la práctica estas sencillas instrucciones que le librarán, en no más de tres semanas, de la persona querida. Empecemos.
En realidad, cuando pierde eficacia ese pequeño resorte amoroso que consiste en besarse, ya se está mucho más cerca del fin de lo que normalmente se supone. Porque no lo dude: llegará un momento en que el cuerpo del otro perderá sus propiedades eléctricas. Es el momento para acabar con la relación. Seguramente, si tiene usted la mala suerte de tener una pareja con fe en el amor, tendrá que oír todo tipo de argumentaciones extrañas, tales como que el sexo no es lo más importante (¡!), o que lo que cuenta es la comunicación y la confianza. Pero no ser deje seducir por los supuestos atractivos del amor a largo plazo.
Para comenzar con el desamor primero hay que estar pendiente de uno mismo más que de la persona a desquerer. Siempre es sano y productivo una buena dosis de egoísmo y amor propio. A tal efecto servirán actitudes groseras e infantiles como mirarse en el espejo con fruición en lugar de mirar al otro y meterse los propios dedos en la boca en el momento del coito, dejando los dedos de la persona no amada en la soledad de sus propias manos.
De lo que se trata es de ir mermando la fantasía del que tenemos al lado. Hay que bajar de las nubes de la monogamia a cualquiera que piense que nuestro deseo sabe renunciar o concentrarse en una persona. Detalles como no decir nunca su nombre o llegar sistemáticamente tarde a las citas son parte de la buena rutina.
En un par de meses tendremos a la persona abatida, por debajo de un nivel aceptable de dignidad. Es posible que comience a llorar por teléfono, a querer abrazarnos por cualquier motivo y a escribir compulsivamente cientos de páginas sobre lo mucho que nos quiere. Es más que fácil que retome el diario de adolescente para contarse a sí misma lo dura que es la vida. En este momento hay que seguir adelante y no humillarnos a nosotros mismos con ninguna clase de arrepentimiento. El sufrimiento es la señal de que hacemos las cosas bien.
Para la ruptura y abandono finales se procederá de la siguiente manera. Se escogerá un día especialmente caluroso. El momento adecuado del día es a las seis de la tarde, hora particularmente sin salida. La cosa ha de ser rápida pero intensa. Conviene no acercarse mucho para no llevarse a casa olores que no queremos. En el recuerdo ha de quedar sólo lo malo de la persona: intereses monogámicos, ataques de celos, errores de pronunciación, etc. La despedida estará llena de ironía y juegos de palabras, pues la entrada en el mundo de la lucidez del soltero siempre ha de ser un tanto humillante para quien se queda fuera.
Finalmente se deja de ver a la persona para siempre, sin concesiones. Los regalos mutuos se mandan por correo y las cartas se queman de un modo definitivo, viendo en el humo de los papeles el conjunto de nuestras debilidades que van quedando atrás de un modo rotundo. A continuación nos sentamos en nuestro sillón de lectura ­–imprescindible uno– y esperamos al día siguiente con el orgullo del daño hecho y la confianza en lo por venir. Esto último es impredecible y cada cual tiene que afrontarlo a su manera, solo, como estará.

lunes, 10 de diciembre de 2007

domingo, 2 de diciembre de 2007

Cuentos para el deshielo

Por lo que nos contaban, el futuro no era más que un desastre ecológico, un deshielo inminente. El cambio parecía ser ya y afectarnos a todos y de la peor manera: miles de especies desaparecidas, subidas en el nivel del mar, aumento de temperaturas, terremotos diarios, colisiones de planetas, playas de lava, ríos vacíos, nubes de fuego, otra vez el fin del mundo. Fue entonces, bajo este clima sin salida, cuando ya nada parecía tener sentido, y cuando todas las cigarras del mundo empezábamos a tener razón, cuando la conocí.
Cuando conocí a Lucinda, ella era lo que sigue siendo ahora: una hormiguita sencilla, afanosa y responsable, dulce y seria, preocupada, como todas, con esto del deshielo. Ella sólo pensaba en colaborar, en cambiar el curso de las cosas, en prever, en predecir y en entender el porqué.
Mi primer intento de cigarra fue la seducción. Quise hacerle olvidar y dejar atrás su hormiguero, para que viera las cosas buenas de la vida, para que aprendiera a sonreír, a cantar y a poner cara de niña mala y despreocupada durante sus primeros besos.
Y funcionó, pero sólo un poco y sólo al principio. Ella, como hormiguita que era, siguió con sus convicciones, con su entusiasmo por reciclar con eficacia, por probar con energías renovables. Sin quitarse sus gafitas de hormiga ordenada y limpia, me pidió que cambiara los cuentos por la realidad, las canciones por el diálogo comprometido. Y sin yo pedirle nada, me juró amor eterno para cambiar el mundo, para frenar el deshielo, para mejorar las cosas. Me ofreció invertir en un amor sano y ecológico, una apuesta por el futuro.
Como cigarra, y sin más fuerzas que para vivir el presente, le escribí una canción que empezaba en La menor y que acababa viéndola marchar. Desde entonces ha habido miles de hormiguitas en mi vida. Un sólo deshielo, que no termina de llegar y que es el miedo de la humanidad al futuro. Pero eso sí, miles de Lucindas que nunca aprenderán a vivir y que se dejarán derretir antes de tiempo.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Mis amigos y yo

Mis amigos y yo nos distraemos, entre otras cosas, de la siguiente manera: los domingos por la mañana salimos de nuestras casas en busca de alguna montaña lejana, dejamos atrás unos cuantos pueblos, nos dejamos querer, desviamos el curso de un río y nos volvemos a casa a merendar cuanto antes. Todo esto lo hacemos para evitar la ingrata tarea de calcular lo bien acompañados que estamos en el día-a-día.
Mis amigos y yo somos de los que nos decimos las cosas y tiramos de imaginación para hacernos morder el polvo, cuando alguno, en el mejor de los casos, inventa mentiras sobre el otro para confundir sus recuerdos o le mina la moral haciéndole ver lo mal que conduce, cuestión en que los hombres siempre andamos inseguros. A veces, en los momentos más difíciles de las excursiones, cuando el aire nos falta a alguno, o cuando el tobillo nos traiciona y nos enseña el dolor que hay escondido debajo de cada piedra, hacemos los demás observaciones sobre gorditos y cobardes, sobre la falta de tiempo y sobre lo que nos falta por aprender. En ese momento el amigo caído se queja de falta de ayuda y empatía, siendo estas las palabras más repetidas en la consiguiente discusión que dura hasta la hora de comer. El enfado termina cuando alguien dice eso de qué bueno está todo en el campo, momento celebrado por todos con el ritual de compartir servilletas, frutos secos y mandarinas.
Pero todas estas maldades están más que calculadas y no son más que nuestras pequeñas estrategias para mantener alerta y entrenado al amigo, pues todos sabemos las heridas y rozaduras que causan los otros que no son los amigos.
Porque cuando estoy con mis amigos, se me olvidan las ganas de contar hasta mil y pienso en esas pequeñas cosas que nos afectan a ellos y a mi, en canciones y en juegos, en chistes malos contados en su momento y en esas palmaditas disimuladas que nos damos en la espalda y que en realidad son caricias escondidas que se muerden la lengua y que se quedan pensando "no te alejes".También, cuando estoy con mis amigos, se me ocurren cosas como hablar con ellos y pedirles su opinión, y me sirven de espejo para ver si llevo bien mi vida y para no caerme en las maniobras difíciles del amor y del trabajo. Y es que lo que tienen mis amigos, al menos los míos, no es que estén en los buenos y malos momentos, al modo de los amigos de los demás. Mis amigos son esas personas que crecen en mi memoria, que a veces me llaman, que a veces me dejan solo, que se ríen cuando yo quiero que se rían y que siempre saben por qué y cómo me ilusiono con ellos.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Noches


De pequeño soñaba con perder el equilibrio, con caerme por agujeros, con perder las cosas de los bolsillos, con llegar tarde a casa. La angustia de pequeño no tenía forma concreta, ni nombre, ni razón. De niño, y sin saber que lo sabes, intuyes que en cualquier momento puedes abrir los ojos y estar solo. Porque la noche dispone de cierto mecanismo que te puede dejar sin nada. Un mecanismo que se repite al azar, durante varios años, que te avisa y ante el cual nada se puede hacer. Tan solo despertarse y tratar de comprender.
El amor, más que nada, es un intento complicado de pasar el relevo, de ser pequeño cuando ya eres mayor, de querer que te quieran como nadie puede, que te den lo imposible cuando ya no es el momento. Y lo sé porque me acuerdo bien. Porque para mí la infancia fue ayer, tanto fue lo que soñé.
Y es que en algún momento de nuestra infancia jugamos una determinada partida, no se sabe de qué ni contra quién, pero su resultado es tan decisivo que el resto de la vida va a ser, bien una búsqueda de revancha, bien una celebración. A eso también se le llama personalidad.
Y no se puede olvidar. Podemos contar hasta tres, hasta cien, o hasta mil, pero al abrir los ojos la infancia siempre estará ahí, para bien o para mal. Y habremos ganado o habremos perdido. Pero no podremos olvidar.
Sin embargo, siempre quedará otra opción disponible. Más incómoda, incierta e incompatible con una fácil felicidad. Sólo para inconformistas. Sólo para aquellos que se atrevan a ser lo que pueden ser. Me refiero, claro, a seguir jugando.

domingo, 7 de octubre de 2007

Qué hacer para levantarse después de ciertos sueños

Expongamos los hechos: Hay mañanas imposibles de afrontar. Y no me refiero a los lunes, o a cuando hace frío y llueve, que no son más que la tristeza del cobarde. Quiero decir esas mañanas que, después de soñar, te devuelven a tu vida normal, que te dejan caer bruscamente en tu cama, en una casa y en una ciudad en las que la cosas son lo que son y donde ya nadie sueña. Porque te despiertas de soñar y ya todo es cuesta abajo, una entrada dolorosa en una realidad donde tienes que elegir, donde no se puede tener todo. Levantarte es dejar de imaginar, de inventar, de mezclar, de querer libremente. Porque soñar es eso, es quedarte con lo mejor de lo que has visto durante el día, durante tu vida. Es una manera de recuperar de golpe todo lo perdido, una manera nocturna de vengarte, una forma de llegar y de alcanzar esas metas de otro modo inalcanzables, esos labios inexistentes fuera de ti. Soñar es, digámoslo ya, el mejor momento de tu vida aunque no vayas vestido para la ocasión.

Posibles soluciones: Bien, partiendo del hecho de la pérdida que supone levantarse, sabiendo que lo mejor ha pasado y que lo peor está por venir, hay que afrontarlo de la mejor manera posible. El catálogo de instrucciones a seguir sería el siguiente:

a) En primer lugar conviene no hablar con cualquiera: la realidad está llena de no soñadores que no entenderían nuestro problema. Con esto descartamos al 90% de la población. Mejor.
b) Elijamos una buena música que nos aísle. Fijémonos en las letras. (Necesario un mp3).
c) En reuniones con no soñadores siempre escaparse mirando por la ventana, con la vista perdida en el punto más lejano.
d) En caso de duda, elige a quien más y mejor se ría. A quien más y mejor se acerque a ti. Elige a quien te sepa rozar.
e) Desconfía de los que abusan de la palabra “normal”: no te están dejando ser.
f) Llegado a este punto de evasión, ya sólo nos queda una alternativa: buscar soñadores. Los soñadores son pocos pero siempre están alerta. Sabrás reconocerlos porque son como tú. Te mantienen la mirada y sabes que siempre quieren decir algo más de lo que dicen, que detrás de cada palabra hay una invitación a perderse contigo, que detrás de cada sonrisa se esconde una provocación para quedaros a solas un poco más de lo decente. Se reconoce a un soñador porque son iguales fuera y dentro de tus sueños. Nunca le digas que no a un soñador.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Milton, viajero intratable

Milton sabe que vivir es una búsqueda desesperada, un intento patético y contrareloj de encontrar no se sabe qué. Viajero intratable e incondicional de sí mismo, lúcido lector de otras vidas ejemplares, vive con esta prisa sana del que busca, porque Milton sabe que querer libera, que sólo con metas claras y propias la vida vale la pena.
De la experiencia ha aprendido a renunciar a la comunicación, al trato, al acuerdo, a esa pérdida de tiempo que los otros llaman diálogo. Porque Milton sabe que la única manera de vivir es seguir, que quedarse es empezar a morirse, y que el único ritmo soportable es el de uno mismo. Seguir y seguir solo. Esa es la única manera digna e intensa de estar vivo. Porque detenerse es siempre una espera, una triste ocasión para que la vista se nuble, para que se pierdan los mapas y el sentido de la orientación. Si te quedas quieto, el suelo se curva bajo tus pies y todo se convierte en hielo donde resbalar.
Para todo destino, pese a todo compañero, seguir es la única respuesta a todas las preguntas de Milton. Seguir y no quedarse a esperar. Nunca quedarse a esperar. Porque en cada parada la vida se acorta insoportablemente, con cada convivir, con cada intercambio sin sentido de palabras, con cada vez que se alcanza el maldito término medio. Nada de eso vale para Milton, viajero hiperbóreo y solitario, que cree en sí mismo y cree honestamente que sólo andando, y andando solo, se deja atrás la flaqueza del querer formar parte.
Todo eso cree Milton y cree bien. Y no sabe entonces qué hacer con su gente.









Canción: (Salitre, de Quique González)

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Aforismos filosóficos ilustrados

A ver qué os parece esta colección de aforismos filosóficos para aprender a ver las cosas del otro lado. Ilustrados con imágenes que ayudan a pensar.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Propósitos de principio de curso

Vale, este año sí, este año sí que empiezo fuerte de verdad, me voy a tomar en serio a mí mismo y voy a tener tiempo para todo, porque es cuestión de organizarse, de tenerlo por escrito, de decidir que voy a estudiar más, unos cincuenta libros tirando por lo bajo, contando los días de baja, los días en que no hay más luz que la del día, para leer hasta caer dormido, libros de historia, de cine, de música, de filosofía, claro, para la tesis, para tener cultura, porque hay que leer, hay que hacer mucho más deporte, mínimo cinco días a la semana y un poco de todo, jogging, pesas, tai chi, natación -lo mejor para la espalda-, kung fu -un toque exótico-, baloncesto y padel con los amiguetes, todo lo que haga falta, vamos, que luego llega el verano y vas a la playa y te das cuenta de que no se puede perder el tiempo, no sé, porque hay gente que dices, qué hacen estos, sin aprovechar su tiempo y les ves solos, desnudos, perdidos, demasiado flacos, demasiado gordos, demasiado incultos, sin saber qué decir, sin saber qué hacer con una guitarra en las manos, sin blog propio, sin cine propio, porque eso sí, hay que hacer cortos, dos o tres al año como poco, al menos una obra maestra, dos si colaboran los demás y se dan cuenta, como yo, de que hay que aprovechar el año, disponer del tiempo disponible, claro que, si no, yo se lo recordaré, a todos, en inglés si me entienden, porque también inglés y alemán, imprescindibles los idiomas, que no? dos horas a la semana para cada uno, ejercicios de gramática, listening, pelis en V.O, conversation with natives if possible, y sin olvidar el tiempo para la guitarra, mi obsesión, dos horas al día, tres el finde, porque he de tocar como Ray Vaughan para el próximo curso y bueno, dedicarles tiempo a los amigos, que todo es tiempo dedicado al fin y al cabo, como el amor, como escribir, para encontrar otra vez mi chica, para encontrar otra vez mi estilo, para que te digan, ey, qué bien que aprovechas tú tu tiempo, que se nota que tú sí sabes qué hacer, sí sabes qué decir, que te tomas en serio a ti mismo y tus propósitos de principio de curso.

jueves, 6 de septiembre de 2007

M a l l o r c a


Cuando los primeros pueblos llegaron a Mallorca, allá por la época de los celtíberos, los fenicios o qué sé yo, lamentaron no haber inventado ya la cámara fotográfica. Porque Mallorca no es una isla para vivir, ni para conquistar, ni para convertirla en capital de nada, ni para discutir acerca de quién y para qué es la isla. Cualquier cosa que no sea mirarla y quedársela en la memoria será una manera más de desaprovecharla.
En Mallorca conviven edificios renacentistas, iglesias góticas, playas y calas inexplicables, pueblos históricos con casitas de piedra, persianas verdes y palmeras en el jardín, millones de turistas desorientados y antiguos pobladores que tienen la suerte de ser de allí.
Cualquier persona de buen gusto puede pasar allí una semana más que perfecta, empezando y terminando cada día en paisajes distintos que nos hacen dudar de si de verdad Mallorca apareció por azar en medio del Mediterraneo. Demasiado bien diseñada. Demasiado fotografiable.

martes, 21 de agosto de 2007

Toda la verdad sobre los peones

Que los peones son unos seres pendencieros debido a su complejo de inferioridad es algo que todo el mundo sabe. Lo que ya no es tan conocido para la gente ajena al mundo de ajedrez son los detalles de su comportamiento, sobre todo durante los fines de semana que todas las piezas del equipo pasan juntas cuando juegan fuera y han de compartir casa. Su conducta, entonces, es deplorable y una auténtica vergüenza. Lo que sigue es algo que no podría decirse, por ejemplo, de un caballo, tan curioso y obediente, o de un alfil, tan atento y limpio.
Ya es muy indicativo de la retorcida personalidad de los peones la forma que tienen de levantarse y de dar los buenos días. Nada más abrir los ojos un peón, lo primero que hace es contar a gritos todo lo que ha soñado esa noche, sin importarle que los demás aún estén durmiendo o incluso si les interesará a estos que el peón haya soñado con álfiles azules derritiéndose en un gran caldero cuyo fuego es avivado por peones caníbales, o con torres y caballos despedazándose mutuamente en un gran circo romano con las gradas llenas de peones disfrazados todos de Calígula.
Como los peones son terriblemente madrugadores y despiertan a los demás, todos llegan a la hora del desayuno con unas ojeras que no quisieran. Es éste un momento muy esperado por los peones, más que nada por las posibilidades que da el desayuno para manchar irremediablemente a los confiados álfiles que, por haber ido todos a colegio de pago, son muy amantes de la limpieza y el orden extremo. Los peones lo saben y aprovechan el menor movimiento para tirarles encima el zumo de tomate, momento en el que el álfil salta hacia atrás horrorizado, dándose cuenta de que ya es muy tarde y que no le queda tiempo para cambiarse el uniforme antes de la partida. Entonces los demás peones celebran la broma riéndose de forma grotesca y ruidosa, abriendo exageradamente las mandíbulas para dejar ver la comida que están masticando, lo cual provoca malestar y vómitos generales.
Poco después, cuando todo el equipo se dispone a coger el autobús que los llevará al tablero, los peones se apresuran a subir los primeros para asegurarse los asientos de detrás. Para entonces, las demás piezas ya han empezado a murmurar sobre las medidas a tomar con los peones. Seguramente se tomará la misma determinación de cada día y se les limitará el movimiento a una casilla durante toda la partida.
Ya en el autobús, los peones empiezan a cantar en falsete rancheras de la peor época de Negrete, pero con unas letras que se inventan ellos, cuyo contenido ideológico liberal molesta a las torres, declaradamente católicas. Tan ofensivo resulta para ellas, que han de bajarse del autobús y coger un taxi, lo cual aumenta considerablemente los gastos del equipo.
A veces uno de los peones finge tener un ataque de ictericia, quejándose de picores y dolores ariticulares. Todo esto obliga al autobús a parar durante media hora, razón por la cual se suele llegar tarde a todas las partidas. Cuando el médico del equipo ­–que en realidad es un viejo caballo retirado que tiene la carrera de medicina, y que sigue acompañando a sus compañeros– examina al peón indispuesto y comprueba que no tiene nada, éste dice sentirse mejor y que todo era psicológico. Todo esto molesta mucho al viejo caballo-médico, que es enemigo de las vanguardias y de las medicinas alternativas. La ocasión es aprovechada por los peones, que se pasan el resto del viaje contando chistes sobre homeópatas, para lo cual están especialmente dotados.
Después del viaje que los peones hacen padecer a los demás, se llega al tablero, casi siempre tarde o con el tiempo justo. Precisamente, es en el vestuario donde las piezas se cambian antes de salir a jugar, donde el mal comportamiento de los peones alcanza un grado realmente ofensivo y de mal gusto. En esta ocasión, las víctimas predilectas vuelven a ser las torres, cuyo extremo y católico recato hace que les resulte muy embarazosa esta situación.
Nada más entrar en el vestuario los peones comienzan a mirar lascivamente a las torres, aunque en realidad no sean del gusto de éstos. Estas miradas incomodan a las torres, que buscan los rincones más apartados para poder cambiarse en paz. Ni que decir tiene que los peones no dejan en ningún momento de pasar por delante de las torres, mostrando su animal sexualidad, paseando con unos calzoncillos mínimos, por los que dejan asomar sus enormes vergas de peón. Incluso, si les parece oportuno, alguno finge resbalar y caer encima de la torre, acción que siempre es seguida por el amontonamiento de diez o doce peones desnudos encima de la pobre torre, que no sabe en qué postura ponerse para evitar el roce con los peones. Estos, en ningún momento dejan de meter mano a la torre, con la excusa de que todo es una broma y de que ahí nadie es homosexual. Dicen los peones que el hecho de alcanzar la erección durante esta travesura se debe simplemente al viaje en autobús, que ya se sabe.
Sin embargo, todo acaba cuando empieza la partida, momento en que los peones parecen transformarse y aceptan con una disciplina asiática las órdenes de sus superiores, así como el consabido castigo que limita sus movimientos a una casilla por jugada.
Los expertos en pedagogía moderna y amantes del mundo del ajedrez se han cuestionado siempre acerca de la conveniencia del castigo tradicionalmente aplicado a estos incorregibles, es decir, la limitación de sus movimientos durante la partida a una casilla por jugada. Incluso se han planteado la posibilidad de un tratamiento alternativo basado en la comunicación y en la tolerancia. Estos autores se basan en la idea de que dicho comportamiento tiene en su origen un sentimiento de inferioridad, para lo cual la comprensión y la integración son la mejor medicina. Incluso hay quien ha querido ver en la conducta de los peones una analogía con el papel desempeñado por las clases sociales menos favorecidas en las revoluciones sociales. En el ámbito de la psicología también hay autores que los han comparado con los delincuentes reincidentes más peligrosos, queriendo interpretar la conducta de ambos, delincuentes y peones, como una manera de llamar la atención, con la que intentarían compensar una falta fundamental de afecto durante la infancia. Finalmente, desde la biología se ha apelado a una dotación genética inferior de los peones, lo que explicaría su falta de capacidad para aprender las normas sociales básicas de convivencia.Como puede verse, todavía no hay nada claro sobre el extraño fenómeno del mal humor camorrista de los peones. Hasta que aparezca una alternativa mejor, lo más seguro parece ser seguir manteniéndolos en la disciplina de una casilla por movimiento.

miércoles, 8 de agosto de 2007

London: 24 hours open. The greatest endless city.

Foyles Bookshop and the Ray’s Jazz Café, the 45 theatres in the city center, St. James Park, the Soho, The Thames and its ships, Candem Town Market, Covent Garden with its Arts and Craft Market and its street performances, the great Ronnie Scott’s Jazz Club with its best live jazz music in Europe, the Pizza Express Jazz Club, the Ain’t Nothin' But Blues Bar, The Prince Charles Cinema, the Freud House and Museum, the National Film Theatre, Virgin Megastore for Cd’s and Dvd’d and musical instruments, Portobello Market, live music in different Tube stations, the Shakespeare’s Globe Theatre, The British Museum and the British Library, the Tate Modern, the Natural History Museum, the Science Museum....
I’d better not go on because I would need more than a blog to talk only about my favorites places in London. For you won’t never have enough days in your live so as to take everything that this great city is able to offer you. London is a crossroads, a big meeting point for different races and cultures. London is a space for understanding, a big and crowded street, full of different colours and languages, where everyone knows that the most important thing is the coexistence.
It’s a city for everyone and for no one, a land without a owner, opened to suggestions, always looking forward to improve. London is a very fond of people city. There are everywhere thousands of signs to indicate people where they are and which way they have to follow to reach the places they are looking for. With no doubt, London is the best selfexplained city in the world.
You could spend a whole life walking along London’s streets, or going out every night, trying to know every new venue in the Soho or Covent Garden. You could spend all your money by going to the theatres to see the 30 musicals you can find in them. But there will be no point in that, because London is an endless city, a kind of kaleidoscop of mankind which is always changing and growing to impress you.
Updating the famous Kennedy’s sentence, I’d say that I’m also a Londoner.


jueves, 26 de julio de 2007

"Buscando a Lucía"







Tantas veces lo soñamos que se ha hecho realidad. Ese es el punto de partida sin retorno de todos los que formamos este proyecto. "Buscando a Lucía" es el título de un corto que hemos rodado con el objetivo de que todos os quedéis durante un rato sin respiración. Porque ésta es una historia de amor, de miedo, de miedo al amor y de amor al miedo. Porque la vida es buscar y encontrar y perder y volver a buscar. A Lucía o a quien sea.
Los que salimos en las fotos somos los responsables de lo que pueda salir de todo esto. Y también de un gran fin de semana en el que todos nos olvidamos de nuestras vidas cotidianas y tratamos de buscar a nuestra Lucía particular. Creo que a todos nos funcionó. Tres días como tres grandes pasos para acercarnos a nuestro lugar en el mundo. En el mío, desde luego, además de cámaras, actores, guiones y buenas ideas, también están Rober, Vicky, Jose Luís, Sara, Sandra y Juanma.
¿Qué le vamos a hacer? El que busca, encuentra.

viernes, 13 de julio de 2007

Rayuelas

























Se trata de cruzar o no la línea. En el fondo, siempre se trata de eso, de quedarse o no, de cambiar o no de casilla, en este juego inevitable. La cuestión es avanzar, pasar al otro lado, transgredir alguna norma interna. Ese es el placer y ese también es el goce, esa oscura manera que tenemos los animales con lenguaje de sufrir a gusto. Sin quererlo, pero repitiendo una y otra vez.
Como dijo Lacan, el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Eso quiere decir, sin más, que vivir es como estar jugando a la Rayuela constantemente. Las casillas que hay que saltar son las palabras, claro.
Y al igual que el juego y que el lenguaje, la vida pasional tiene su propia gramática, con sus combinaciones posibles, con sus faltas. Unos deseos se acentúan y otros no; unas fantasías cumplen con la transitividad y otras no. Del mismo modo, siempre hay personas que riman contigo y que te permiten terminar los versos.
Así que uno anda por la vida jugando a su Rayuela, dando pasos calculados de antemano, siguiendo un orden, construyendo frases que sirvan para toda la vida.
Pero la cosa se complica bastante cuando uno se cruza con los demás y comienzan cosas como escribirse mutuamente, que no es más que una manera elegante y duradera de mantener la mirada. Porque te escriben una carta y estás perdido. Miras a alguien de más y estás perdido. Cuando alguien te mira es como empezar a hablar otro idioma, donde todo cambia, donde ya nada es lo mismo. De repente el otro es un abismo, una realidad inexplicable, una invitación a vivir de otro modo, en otras camas, en otros sueños. Entonces comprendes que conocer es empezar y que querer es, de algún modo, ir terminando.
No hay, por tanto, posibilidad de jugar a una sola Rayuela. Uno juega a la suya y a la de los demás. Las palabras se llenan de significados distintos que hacen de la comunicación algo imposible, algo lejano. Porque, ¿qué significan, si no, palabras claves como sexo, como piel, como inevitable?
Sin embargo, no nos resignamos y buscamos palabras para sujetar lo que deseamos, para asignarles una función en nuestra desconocida gramática del deseo, para que ella o él entre en el juego de nuestra propia Rayuela.
Pero todos sabemos que sólo jugando se aprende a jugar, que los símbolos no son más que aproximaciones, y que lo real se nos escapa entre las manos. Del mismo modo que sabemos que cruzar o no la línea es irrelevante, porque siempre caemos del mismo lado, del lado en el que estamos solos y el juego vuelve a empezar. Paradójicamente, una razón más para ser feliz.


martes, 10 de julio de 2007

Escuela de Guitarra

Bueno, este video que tenéis aquí es un insuperable duo de guitarras formado por mi profesor Frank Crespo, al que podéis ver disfrutando con la improvisación de un perfecto rockanroll, y yo mismo, al que podéis ver sufriendo para maltocar el ritmo recién aprendido.
Si queréis aprender a tocar así, pasáos por su academia Guitar Sounds, en Valencia (Barrio de Ruzafa). El teléfono de Frank es el 655461550. Podéis llamar y preguntarle cuántos días tarderéis en tocar como él. Le encanta esa pregunta.

viernes, 29 de junio de 2007

Preguntas sencillas para una extraña sensación

¿Qué?
Sentimiento de vacío, una soledad injustificada, una necesidad de decir las palabras que enganchen para siempre. Algo parecido a una despedida, a esa horrible idea de no volver a ver, a ese no saber qué decir en el momento. Se perece a un sentimiento de culpa por no haber hecho bastante, por no haberse atrevido a decir más, por sentirse un poco más feliz que los que dejas atrás. Es una extraña sensación de haber desaprovechado ciertos momentos, para querer más, para querer mejor, para haberse acercado a los dolores ajenos y haberlos convertido en risas.

¿Cómo?
Poco a poco, repentinamente, todo a la vez, sin darte tiempo a planear otro final. El año se termina como se terminan las canciones, de repente, sin que tú quieras, devolviéndote a una realidad que nadie ha llamado, que se empeña en imponerte el silencio de una habitación a oscuras. Entonces cierras los ojos e intentas que la melodía se quede, acordarte de la letra de la canción, sabiendo de sobra que rebobinar no es lo mismo, que volver a escuchar lo mismo no es nunca lo mismo, que el instante ha pasado y que esa primera vez se ha ido para siempre, que ya pasó ese momento de conocerse y de saber que algo iba a suceder o no.

¿Cuándo?
El último día, el penúltimo, imposible acordarse. Durante un viaje en tren, cualquier miércoles por la mañana, en la primera despedida más larga de lo habitual. Quizá el segundo día de verlos a todos juntos, cuando empiezas a notar que alguien sobresale, que alguien ha dilatado sus pupilas de más y que deja de respirar momentáneamente para oirte un poco mejor.

¿Por qué?
Sin respuesta coherente. Quizá por la nostalgia de esa electricidad que se produce de vez en cuando entre las personas. Tal vez por insistir en la creencia en ciertos besos que curan, por evitar un miedo nocturno a no saber nada del deseo, por esquivar con cualquiera esas noches sin sueño en las que decides que estás solo. Y por no entrar en esa carrera sin sentido por hacer del roce ocasional un arte permanente.

¿Quién?
Todos en general. Ella en particular. Sólo ella en particular. Ella, que sabe existir a su manera, pero que me tengo que inventar cada día un poco. Para que todo tenga sentido, para que el libro se siga escribiendo, para que el amor no vuelva a ser un juego de ganadores y perdedores.
Sólo ella, en clave pero de un modo inequívoco, sabrá decirme hasta qué punto me la invento y hasta qué punto existe de verdad. Y lo hará, como siempre, midiendo y saboreando mis palabras, dejándose atar por ellas, calculando las suyas, sabiéndolas elegir una vez más, diciéndome que quiere, que claro que quiere.
Y sólo yo sabré si puede.










(Canción: Canto, de Bunbury)

sábado, 16 de junio de 2007

3, 2, 1... Hasta siempre Ribalta

Sí, ya lo sé, a mí tampoco me gustan las despedidas. Pero no quiero que nadie se sienta despedido. Porque para eso haría falta no volver a verse más, y no creo que eso ocurra, al menos con muchos de vosotros.
El Ribalta ha sido una especie de gran familia escandalosa, un vecindario de gente educada y atareada saludándose compulsivamente por los pasillos, una mini-ciudad llena de ofertas culturales y de escaparates humanos.
Me gustaría agradeceros a todos el fabuloso año que he pasado en el instituto.
Empezando por esos compañeros que han terminado siendo amigos, que han sabido alargar la semana hasta ese concierto del domingo por la tarde, y que piensan como yo que lo mejor del día es un almuerzo colectivo.
A mis niñas listas con gafitas de Cuarto de ESO, que me pedían más y más información sobre el mundo y sobre la vida, y para las que ninguna clase era nunca suficientemente larga. Con vuestro idealismo e ilusión en una vida justa me habéis hecho volver a creer en que una izquierda comprometida e inteligente es posible.
A esos alumnos divertidos y futboleros que hacían que las clases fueran de todo menos trabajo aburrido, que sabían mover el balón del diálogo y estar cada uno en su sitio, haciéndome sentir una especie de Messi de la educación.
A todos esos psicólogos en potencia de Primero de Bachillerato, que me han demostrado que el cariño y la alegría son la mejor manera de vivir y de venir al instituto. Con ellos cada clase era como una vuelta a una familia armoniosa y echada de menos, donde cada uno estaba dispuesto a dar lo mejor de sí mismo para ayudar a los demás. Os habéis ayudado entre todos a ser más felices y mejores personas.
Y qué decir de mis dos clases de Segundo de Bachillerato, llenas de lo mejorcito de Castellón. Es un lujo ser profesor cuando te reciben en cada clase con sonrisas llenas de complicidad y fantasías luego confesadas. Daros clase ha sido en muchísimos momentos como quedar con tus amigos de verdad para hablar de las mentiras de la vida. Habéis confiado en mí hasta el último momento, haciéndome subir hasta la altura nunca prevista de vuestras propias fiestas y despedidas. Chicos y chicas, estuvísteis geniales en los momentos más difíciles.
A todos, muchas gracias, muchos besos y hasta siempre.

P.D: Para estar en contacto lo único necesario es querer.
(En las fotos no estáis todos, en mi recuerdo sí)


sábado, 2 de junio de 2007

Discurso para la graduación de alumnos de Segundo de Bachillerato del Ribalta.








(Canción: Kill Bill, Vol.1)


(Esto es para los que se sentaron más allá de la tercera fila y no oían nada....)



Hola. La verdad es que con este micro tan moderno me entran ganas de presentar los premios MTV. Y de liarme con Britney Spears, claro.
Bueno, antes que nada me gustaría agradecer a todos los alumnos la confianza y el honor que supone la oportunidad de hablaros por última vez. Además en este día tan especial para vosotros en que, veo que alguien se ha peinado un poquito demasiado... En fin, que os hacéis tan mayores como exagerados, ¿eh? Esto al final parece la entrega de los óscars, pero bueno.
Voy a aprovechar esta oportunidad, como iba diciendo, para hablaros claro. De hecho, esta es la lección que estábais esperando, la clase que todo el mundo querría tener. En el fondo será como una clase más, aunque en esta ocasión, y para variar, sólo hablaré yo. A ver si hoy nadie me interrumpe con eso de “ha tocado ya, ha tocado ya...”
Se me ocurre empezar diciendo algo tan grandilocuente como que la vida no es un camino hecho, no es algo trazado ya, sino que es una oportunidad, para hacer de ella lo que queráis. La vida es como una caja vacía. Pero no en el mal sentido, como si al abrirla no hubiera nada dentro. Al revés, hay que verlo en el buen sentido, en cuanto que nos cabe dentro todo lo que nosotros queramos poner. Y también dejar fuera lo que no, claro.
Por ejemplo, este año, habéis decidido meter en vuestra vida muchas horas de estudio y habéis dejado fuera toda la diversión. No habeis salido los fines de semana, ni en Magdalena, ni nada.. Yo habría querido que estudiárais un poquito menos, pero bueno...ya está hecho. Eso os pasa por hacer caso a vuestros padres, a quienes aprovecho para saludar...¿Qué tal? ¿Todo bien? Pues ya veis, aquí es donde estudian vuestros hijos y donde pasan tantas horas. Aquí están sus clases favoritas, la cantina está allí al fondo, y las demás clases...bueno, es igual.
Porque, como iba diciendo, esas horas de estudio luego se notan ¿eh? En clase, por ejemplo, ese interés por la asignatura, y ese compañerismo. Porque otra cosa no, pero buenos compañeros... sí que lo sois. Por ejemplo, cuando preguntas en clase quién ha hecho la redacción que mandé: nadie levanta la mano. ¿Por qué? No porque no la hayan hecho, sino por no dejar mal al compañero que, por lo que sea, no ha podido hacerla. Eso es compañerismo. O en los exámenes, cuando nadie quiere pasar del 5.5 para no dejar en evidencia a los demás...
O cuando le decís al profesor: pasa lista, pasa lista, que hoy han faltado muchos...
Veo que estáis con muchas ganas de salir del instituto y de empezar una nueva etapa. Esto, de alguna manera, es como el que sale de la cárcel, que se promete a sí mismo que nunca más le vuelven a pescar. Eso es fácil, la verdad, porque en la universidad si no quieres no te pescan. No hay más que ir al bar de la facultad. Digamos que hay demasiada gente... Entras en el bar y hay que hacer una cola de 1 km para pedir una empanadilla. Que tú dices, ¿qué pasa, que nadie tiene clase? Luego te asomas a una de las clases y ves al profesor y a dos tíos con gafas en primera fila.
Bueno, lo de ir al bar es una opción a tener en cuenta. Tampoco hay que ser tan freaky como para ir a clase el primer año. Aunque tampoco hay que abusar, que luego acabáis la carrera con treinta y dos años y tampoco es eso.
Bueno, supongo que en un momento como este esperáis algún consejo para la vida, alguna recomendación para que nada os duela en el futuro y para que todos podáis montar vuestras empresas y haceros ricos y famosos.
Veo, por cierto, que muchos habéis desechado muy rápidamente la idea de haceros profesores. Me pregunto por qué. Con la de cosas buenas y útiles que se aprenden en el instituto. ¿Qué sería de vosotros sin esos problemas de matemáticas o de física que tanto os van a ayudar en la vida?. Os pongo un ejemplo, por si no os acordáis. Un tren sale de A hacia B a una velocidad X, y no sé qué más de otro tren. Pregunta: ¿Cuánto tardan en cruzarse?
Y digo yo, ¿qué más da el tiempo que tarden en cruzarse los dos trenes?. Lo importante será saber a qué hora sale mi tren, para no perderlo, o saber qué tren he de coger para ir a dónde de verdad quiero ir, aunque eso de saber dónde se quiere ir es más complicado. Pero tranquilos que enseguida llega la ayuda. Porque hay muchos que no saben dónde van y cogen el tren que va más lleno, o el que no hay revisor, o cosas así. Veo que muchos habéis cogido ya el cercanías. Es que esto de los trenes es rollo metáfora, por si no lo habíais pillado. ¿Los padres, bien? Es que aquí estamos acostumbrados a que vuestros hijos no nos entiendan. Pero vosotros sí, ¿no? ¿Me seguís, entonces? Muy bien.
Bueno, el caso es que la escuela está llena de cosas útiles y claras. O si no cuando os dicen eso de “has de ser tú mismo” y pensar por ti mismo. Vamos que, haz caso a los padres, haz caso a los profesores, cumple tu horario, ve a clase, estudia, no salgas todos los días, cuelga ya el teléfono, no bebas tanto hijo, elige la carrera con más salida, ponte guapo en tu graduación, no querrás ir hecho un guarro. Eso sí, sé tú mismo. Haz todo esto que te digo, pero hazlo por ti mismo.
Qué fácil es aconsejar, pensaréis. Bueno, pues yo no quiero caer aquí en hipocresías y os voy a decir, de verdad, cómo se hace eso de ser uno mismo. Además, en forma de diez consejos claros y sencillos de seguir.
Aquí hay que estar abierto. “Open your mind” ese es el lema de hoy, ¿eh? ¿Los padres? ¿Sí? Vamos allá.

1. Entre dinero y vocación, elegid vocación, siempre. Luego si os hace falta dinero alguna vez no me llaméis porque yo también elegí vocación.
2. En la medida de lo posible no veáis la tele. En esto hay que ser tajantes.
3. La aventura es algo a lo que siempre hay que decir que sí, tengamos la edad que tengamos. Si es con amigos mejor. Si es con amigos y amigas mejor aún.
4. (Este es importante para vosotros). Si de verdad te gusta alguien, no le hagas perdidas, llámale. Y menos aún le mandes zumbidos de esos, del messenger. Hay otras maneras más románticas de fastidiar a alguien.
5. (Este es serio). No os preguntéis qué esperan los demás de ti. Es muy fácil acabar haciéndolo. Preguntáos mejor en qué queréis convertiros.
6. En cuanto tengáis la ocasión, haced algo absurdo y que no sirva para nada, como por ejemplo quitaros los zapatos cuando os estén presentando a los padres de vuestra novia o novio. O también se puede estudiar cosas que no entren para el examen. Veréis qué sorpresa eso de aprender por aprender.
7. Cambiad el sentido común por el sentido del tacto. (Este es profundo ¿eh?) Esto no quiere decir que vayamos por ahí tocando a la gente, que también. Quiere decir que es importante probar las cosas, experimentarlas, antes que dejar que te las cuenten o pensarlas con prejuicios.
8. Si todavía no sabes qué coleccionar, no lo pienses más: libros. Es la única manera de seguir creciendo.
9. Nunca elijáis a las personas por su aperiencia, o por cómo visten, sino por cómo son por dentro. Aunque también es importante saber si tienen coche o piscina. No nos engañemos.
10. Y por último, aunque yo lo he dicho en clase para provocaros, no pronunciéis nunca la frase esa de “es que los amigos se acaban por perder”. Eso es el principio de todo lo malo que os puede pasar. Hay pocas cosas que dan estabilidad a la vida, y una de ellas es la amistad. La otra es el trabajo siempre que no seas profesor.

En fin, si seguís estos consejos al pie de la letra seréis vosotros mismos, como siempre habéis querido. Estaréis sólos y pobres pero tendréis personalidad. Y si además tenéis piscina me llamáis, ¿eh?
Bien, y para terminar, simplemente deciros en nombre de todos mis compañeros que gracias por esas dos clases agradables que hemos tenido con vosotros este año. Y perdón en nombre de todos, por los problemas de trenes.
Bueno, ahora en serio, creo que hablo en nombre de todos si digo que gracias a alumnos como vosotros ser profesor es una de las mejores maneras de levantarse cada día. No sé por qué se ríen mis compañeros de delante.
Hacedme un último favor y recordad bien esto: No hay más vida que la que vosotros imaginéis. Tenéis que inventaros vuestra propia vida. En esto, como en los exámenes, no vale copiar. Tenéis que despertar al Quijote que hay dentro de vosotros y salir en busca de aventuras y de la vida que siempre habéis soñado. No os conforméis con la que creéis que os ha tocado. Si vosotros mismos, como el Quijote, no os inventáis vuestros propios gigantes serán los demás los que os acaben viendo como enanos.
Bueno, y poco más. Que, aunque no hace falta que lo diga, porque lo sabéis de sobra, no me puedo resistir a decirlo en voz alta: Os voy a echar de menos, chicos y chicas. Sí, a los chicos también.
Y aunque he dicho al principio que me alegraba de estar aquí arriba, creedme si os digo que preferiría estar ahí abajo, aunque sólo fuera por teneros como compañeros.
Mucha suerte en todo y muchas gracias.